Hay una pregunta que me empezó a perseguir después de años trabajando con equipos, ¿por qué algunos necesitan volver a trabajar sus dinámicas mucho antes que otros? Al principio pensé que era una cuestión de tiempo, pero cuánto más observaba, menos me convencía esa explicación. El tamaño del equipo, la rotación y los cambios de contexto parecían influir mucho más. De esa observación, nació este modelo.

Los equipos son entes vivos que acumulan deuda.

Y no estamos hablando de deuda técnica (decisiones que aceleran el presente a costa de complicar el futuro). Ni tampoco estamos hablando de deuda organizacional (acumulación de procesos, políticas, estructuras y decisiones obsoletas o informales que restan agilidad a un empresa)

Situación

Imaginemos un equipo que tiene a las mismas personas desde hace años, el mismo producto, el mismo método de trabajo…y sin embargo, observamos que las relaciones cada vez cuestan más. Y no sabemos explicar por qué.

O imaginemos un equipo en el que cambiamos personas sin replantear cómo encajan sus comportamientos con los demás. Cambiamos responsables sin consultar al resto del equipo. Reorganizamos equipos para encajarlos en cadenas de valor. Creamos nuevas dependencias. Y asumimos que todo funcionará bien cuando los cambios se estabilicen. Pero no ocurre.

Son dos situaciones en las que se generan pequeños residuos orgánicos, una fricción que no aparece directamente en las métricas de negocio ni en la calidad técnica del producto, pero acaba manifestándose en evasión de conversaciones, decisiones más lentas y menos claras, pérdida de confianza, de coordinación…

Problema a resolver

Aunque intuitivamente se pueda entender la deuda técnica y la deuda organizacional, no tenemos un nombre para cuando eso sucede a nivel del comportamiento de los equipos. Por eso quiero presentar cómo gestiono lo que he llamado DEUDA ORGÁNICA.

La DEUDA ORGÁNICA es algo que los equipos acumulan, y lo hacen en su forma de relacionarse y conocerse. Un equipo no se deteriora porque las personas dejen de ser buenas. Se deteriora porque las relaciones que hacen posible el trabajo cambian constantemente. Y esas relaciones también necesitan mantenimiento.

Esta entrada no quiere defender una fórmula, sino una idea. La fórmula es una consecuencia. La idea es: Trabajar el desgaste que produce el propio funcionamiento del sistema vivo que es un equipo. Lo llamo DEUDA ORGÁNICA porque nace del crecimiento, de los cambios y de las interacciones entre personas, no de los errores.

La DEUDA ORGÁNICA (DO) aumenta por cuatro motivos:

  • Cambian las personas
  • Cambia el contexto
  • Pasa el tiempo
  • El tamaño del equipo amplifica todo lo anterior

Y dicha deuda disminuye cuando dedicamos tiempo a mantener las dinámicas del equipo. Por eso el modelo distingue dos conceptos; DG como la deuda que genera el equipo y M como el mantenimiento que realiza. Y ambos conceptos están modulados por un factor estructural F, que representa la complejidad añadida de los equipos grandes. De forma resumida: DO = F + (DG – M)

Hasta aquí he compartido la idea. A partir de aquí, entro en cómo he intentado convertirla en un modelo.

Es una hipótesis de trabajo, todavía en construcción, que quiero compartir con quienes tengan interés en profundizar o estén suscritos al blog. Si quieres seguir y no tienes acceso, puedes ver el desarrollo completo suscribiéndote gratuitamente.

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